Creaciones

CARTA NO. 1

Sin destinario

20 de enero de 2018

Cuando apenas te conocí prácticamente no me llamabas mucho la atención. Tengo la seguridad de que aquellos sentimientos todavía se sienten a flor de piel en mi memoria. Porque si no lo recuerdas tú eras el que intentaba llamar mi atención; pero siempre te confieso que para mí eso no significaba nada, me parecías tan hosco, simplón y pusilánime. Pero, ¿qué carajos fue lo que me exhorto a dejarte entrar poco a poco en mi corazón? Realmente, cariño, te odiaba. En algún momento me lancé a tus brazos sin temor a nada… yo merecía una oportunidad; me esforcé por cambiar esos defectos que en relaciones pasadas fueron impedimentos para desenvolverse de una manera simple y afectuosa. Los papeles cambiaron y yo me preocupaba más por ti. Rogaba para que me hicieras caso, me tenías al límite, eras un poco caótico y desinteresado. Tenías todo lo que yo en ese momento podría haber necesitado.

Estaba obsesionada con tu olor. Pocas veces dormíamos temprano, charlando hasta la madrugada y riéndonos. No sé cómo hiciste, pero te metiste en mi sistema de manera intravenosa. Recorrías cada parte de mi ser, de mi cuerpo y estabas en cada poro de mi piel a toda hora, día tras día.

Debí haberme advertido cuando me dijiste que no querías que nadie se enterará de que podíamos iniciar una relación muy pronto. Sabías de todos mis problemas psicológicos, te abrí mi corazón y tal vez ese fue el peor error, mostrarte lo débil que era; realmente no me di cuenta que sonaba muy lindo que me dijeras que me querías ayudar…

Hoy te agradezco (porque a pesar de que todavía me duele el alma de saber que estas con otra mujer que al parecer te hará saber qué es verdaderamente lo que significa el amor, cómo una persona puede llegar a trascender a través de este, hacer tonterías y dar todo), te agradezco porque de cierta manera me has ayudado a levantarme de una manera diferente. Te aseguro que no voy cambiar, y siempre daré lo mejor en una relación, porque lo que más odio es entregar un amor mediocre, prefiero mil veces no amar.

Prefiero mil veces no amar.

Serie de cartas que jamás serán entregadas, ni leídas.

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